Castellón lleva años vendiendo una imagen de “Capital del Deporte”. Eventos, campañas institucionales, fotos, presentaciones, finales de Supercopa de fútbol o partidos de selecciones femeninas. Pero detrás del marketing hay una realidad mucho más incómoda: los clubes femeninos de élite de esta ciudad sobreviven con enormes dificultades, y algunos ya han empezado a abandonar las categorías nacionales.

En apenas unas semanas hemos conocido situaciones que deberían hacer reflexionar seriamente a cualquier responsable político o institucional. Bisontes Castellón pone fin a 14 temporadas ininterrumpidas en la categoría de plata, llevando el fútbol sala femenino de Castelló por toda la geografía española. Un total de 4 temporadas en las que han habido muchos partidos, Play Off, y el título de Liga en la 21-22. El Volei Grau femenino también abandona la élite tras 13 temporadas consecutivas en la superliga-2.

Dos proyectos históricos, dos estructuras de cantera, dos referentes para cientos de niñas de Castellón que ven cómo competir al máximo nivel en su propia ciudad empieza a convertirse en una quimera.

Ecoembes

A nivel de deporte colectivo, ya sólo queda el Nou Bàsquet Femení Castelló, que resiste prácticamente en solitario como único gran referente estable del deporte femenino de élite de la ciudad, manteniéndose en Liga Femenina Challenge, la segunda categoría del baloncesto español. Otros clubs como el Balonmano Castellón abandonaron hace temporadas la élite, incluso, llegaron a competir hace diez años en División Honor Femenina.

Y la pregunta es inevitable:

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Porque esto no es casualidad. Tampoco es mala suerte. Es el resultado de años de infrafinanciación, falta de planificación y una política deportiva más enfocada en la imagen que en la estructura real del deporte femenino. Más que hablar de cuantía de subvenciones es la ausencia de una planificación deportiva entre instituciones públicas y clubs para favorecer la visibilidad del deporte femenino en la ciudad. No hay una hoja de ruta clara, ni en la actual legislatura, ni en anteriores. Más allá del deporte rey masculino, con masa social, bajo gestión de Sociedad Anónima, no hay identificación con una marca de entidad que conlleve una ilusión identitaria.

Los clubes femeninos de Castellón llevan años haciendo auténticos milagros económicos. Manteniendo categorías nacionales con presupuestos mínimos. Formando jugadoras locales. Movilizando familias. Buscando patrocinadores puerta a puerta. Sobreviviendo gracias al voluntarismo de directivos y entrenadores agotados.

El problema ya no es competir contra Valencia, Zaragoza o Barcelona. El problema es simplemente sobrevivir.

Resulta especialmente frustrante comprobar cómo las administraciones son capaces de destinar grandes cantidades de dinero a eventos puntuales, competiciones de un fin de semana o campañas de imagen, mientras los clubes que trabajan los 365 días del año siguen asfixiados.

Porque el verdadero deporte femenino no se construye con una foto institucional.

Se construye pagando desplazamientos.
Se construye ayudando a las canteras.
Se construye evitando que equipos renuncien a categorías nacionales por falta de recursos.
Se construye garantizando estabilidad a clubes que representan a la ciudad por toda España.

Y hoy Castellón está perdiendo precisamente eso, perdiendo categorías y ausencia del nombre de Castellón en las ligas importantes del deporte femenino.

Construir un proyecto femenino de élite lleva décadas de trabajo. Destruirlo puede costar apenas una temporada. Y un drama silencioso: las niñas pierden referentes. La gran consecuencia no es deportiva. Es social.

Cada vez que un equipo femenino desaparece de una categoría nacional, cientos de niñas pierden un espejo en el que mirarse.

Pierden la posibilidad de ver que desde Castellón también se puede llegar arriba.
Pierden visibilidad.
Pierden ilusión.
Pierden referentes cercanos.

Y eso tiene un coste enorme a medio plazo.

Porque luego llegarán las campañas institucionales hablando de igualdad, deporte base o empoderamiento femenino. Pero la igualdad no se defiende con discursos. Se defiende sosteniendo estructuras reales.

El caso del NBF: competir contra todo

Lo más admirable del Nou Bàsquet Femení Castelló no es únicamente mantenerse en LF Challenge.

Lo verdaderamente admirable es hacerlo en las condiciones antes descritas.

Compitiendo contra estructuras profesionales mucho más potentes.
Con recursos limitados.
Con ayudas insuficientes y muchas veces tardías.
Y sosteniendo además una enorme estructura de cantera femenina.

El NBF no solo representa a un club. Representa la resistencia del deporte femenino de élite en Castellón.

Y eso debería ser motivo de orgullo institucional. Pero sobre todo debería ser motivo de apoyo real.

Porque cuando desaparecen los proyectos de élite femeninos, luego recuperarlos es muchísimo más difícil y costoso.

Castellón debe decidir qué ciudad quiere ser. La situación actual obliga a hacerse una pregunta incómoda:

¿Castellón quiere ser realmente una ciudad referente en deporte femenino o sólo aparentarlo?

Porque una ciudad que pierde equipos nacionales femeninos año tras año no puede seguir vendiendo normalidad.

No es normal que proyectos históricos renuncien a competir arriba.
No es normal que los clubes vivan permanentemente al límite.
No es normal que las ayudas lleguen tarde o sean insuficientes.
No es normal depender constantemente del sacrificio personal de directivos y familias.

El deporte femenino de élite en Castellón no necesita más homenajes.
Necesita compromiso.
Necesita planificación.
Necesita financiación estable.
Necesita una apuesta política seria.

Porque si no se actúa ya, dentro de unos años la ciudad seguirá organizando eventos… pero habrá perdido a sus equipos.

Y entonces ya será demasiado tarde.