Claudio Ríos / Castellón
El fútbol, por mucho que evolucione, sigue siendo un juego de personas. Unas personas que deben pasar por diferentes etapas de crecimiento y formación, con un aprendizaje diario esencial en el desarrollo de los jóvenes futbolistas. Para ejemplificar lo dicho, que
mejor ejemplo que el caso del prebenjamín ‘A’ del C.F. Rafalafena, un grupo de niños el cual se encuentra dando sus primeros pasos en este deporte, empezando a entender lo que significa formar parte de un equipo. El prebenjamín ‘A’ del C.F. Rafalafena muestra como el trabajo en edades tempranas se construye más allá del balón
Bajo la dirección de Julio Monferrer, con once años de experiencia en el club, y Javier Vicent, que compagina este equipo con el infantil, el trabajo que realizan con los pequeños va mucho más allá de lo que al balón se refiere. “Para mi lo más importante es la disciplina, el compromiso y, sobre todo, formar grupo”, explica Montferrer. Una idea que resume a la perfección la esencia de proyectos como este en el que prima crecer juntos a destacar individualmente.

El reto de aprender jugando
Entrenar a estas edades no es una tarea sencilla, a los niños les caracteriza ese afán de jugar y divertirse, por lo que encontrar el equilibrio entre diversión y formación es uno de los mayores retos. “Ellos vienen con esa mentalidad de juego, pero hay que meterles
poco a poco disciplina para que entiendan lo que queremos enseñarles”, comenta Javier Vicent. Por ello, los entrenamientos se construyen desde lo básico, con ejercicios adaptados a ellos y una buena dosis de paciencia.


Valores más allá del campo
Si hay algo que será definitivo para los jugadores es la formación personal. Desde el Rafalafena apuestan por ello y, más allá del fútbol, los entrenadores actúan incluso de educadores. “Lo importante es que aprendan a ser buenas personas, buenos compañeros y se respeten entre ellos y al rival”, señala Vicent.
La gestión de emociones es otro aspecto fundamental. En un grupo de niños es común ver frustraciones o enfados, pero es parte del aprendizaje. “Intentamos que aprendan a gestionarlo, que cada vez les afecte menos”, exponen los técnicos, que añaden que “muchas veces, el apoyo de los compañeros funciona mejor que el nuestro”.


El error como parte del camino
En el crecimiento de los jugadores, equivocarse no es normal, sino necesario. “Se aprende más de los errores”, destacan los entrenadores. Además, algo importante en este proceso es el aprender a competir, sin obsesionarse por ganar, pero entendiendo que el esfuerzo tiene un sentido. “Queremos que tengan un objetivo, que luchen por algo, pero sin que el resultado sea lo principal”, explican desde el cuerpo técnico.
En este camino, el entorno cumple también un papel fundamental. Las familias tienen el deber de acompañarlos y guiarlos por el camino correcto. “Es clave que entiendan como ayudar sin interferir, apoyándoles en este proceso”, comentan.
En lo deportivo, el equipo se encuentra tercero de su liga, pero se trata de un dato casi anecdótico. Lo verdaderamente importante no se refleja en una clasificación, sino en el correcto desarrollo de la parte humana de cada uno de los jugadores que pasan por estas
etapas futbolísticas.