Poco queda ya en este siglo XXI de aquel juego de caballeros que se empezó a popularizar a finales del siglo XIX en las islas británicas y que, en pocas décadas se convirtió en universal hasta ser llamado el «deporte rey».

El fútbol, otrora un deporte lleno de romanticismo y tradición, ha dado paso a un híbrido que tiene más de espectáculo, o show business mejor dicho, que de deporte, en el que ya no sirve aquello de «que gane el mejor» si no que ahora es «que gane el más rico». El último ejemplo de ello lo tenemos en el recién descendido por orden administrativa Lleida CF, derivado del Lleida Esportiu, que a su vez era sucesor de la eterna UE Lleida, o UD Lérida en sus orígenes allá por el año 1947, y que afronta su enésima desaparición. Una UE Lleida que certifica así una decadencia que se inició con la primera «refundación» en el año 2011 donde poco o nada quedaba de aquel equipo «matagigantes» que en la temporada 93-94 fue capaz de vencer a los dos «transatlánticos» del fútbol español, FC Barcelona y Real Madrid firmando una espectacular segunda vuelta aunque sin ser capaz de conseguir la permanencia en la máxima categoría nacional.

Aquello supuso un duro golpe que la dejó malherida y que, unido a varias directivas fallidas y a una gestión deficiente derivó en el concurso de acreedores y posterior desaparición del club en el año 2011. El arraigo y la capacidad de arrastre de una importante masa social del club azulón llevó a la aparición del Lleida Esportiu CF para hacerse con la plaza vacante de la UE, pero a pesar del apoyo ciudadano ya nada fue igual y hace tan solo un año volvió a cambiar de nombre adoptando el de Lleida CF para tratar de sortear los graves problemas financieros que la acuciaban y que terminaron por determinar su defunción definitiva hace unos días. Si una ciudad como Lleida, con una tradición futbolística que le llevó a inaugurar en el año 1918 uno de los mayores y mejores complejos deportivos de España en aquel momento, el Camp d’Esports, (cuyo nombre perdura hasta nuestros días), no ha sido capaz de mantener un equipo de fútbol con regularidad en las categorías nacionales, que no les espera a otros con menos tradición y apoyo social. Muchos dirán que donde está el problema ya que Lleida seguirá teniendo presencia en la cuarta categoría nacional, puesto que el Atlètic Lleida Club Esportiu, un club de reciente creación y que cuenta con un fuerte apoyo empresarial y, por tanto económico, y que radica en las instalaciones de la prestigiosa escuela de fútbol Atlètic Segre, ha adquirido la plaza del denostado Lleida CF, pero precisamente ahí reside el problema, en que la adquisición ha sido por la vía comercial, y no ganándola sobre el verde, puesto que el Atlètic Lleida CF ha comprado la plaza que sacó a subasta la RFEF, una compra que ha generado gran controversia en la ciudad y que está enfrentando a seguidores de uno y otro club.


Mucho ha llovido desde aquel 1990 en que la nueva ley del deporte «invitaba» a los clubes de fútbol, (hasta entonces entidades sin ánimo de lucro), a convertirse en sociedades anónimas deportivas (SAD), en virtud de una supuesta mejora de condiciones para aquellos clubes que tuvieran dificultades económicas. Pero lo que realmente se consiguió fue abrir la puerta del futbol de élite a millonarios caprichosos que, lejos de ser siquiera aficionados al fútbol, lo que buscan es un divertimento para sus existencias llenas de lo material y cansados ya de todo lo terrenal, que ha traído a nuestro fútbol más problemas que soluciones, solo hay que ver la situación de históricos como el Valencia CF, el RCD Espanyol o el Real Valladolid CF, entre otros, y convirtiendo al fútbol profesional en una vorágine de millones de euros con precios prohibitivos tanto para entrar en los campos como para acceder a los pagos por visión televisivos.


Otro ejemplo similar al del Atlètic Lleida es el CF Andorra, flamante equipo de la liga Hypermotion, pero que tuvo que empezar a base de talonario comprando la plaza en Segunda B de otro histórico del futbol catalán desparecido, el CF Reus Deportiu, (refundado en el actual Reus FC Reddis), y pasando de 1a Catalana directamente a la división de bronce nacional de aquel entonces sin necesidad de disputar un solo partido en tercera división, gracias a los euros de una de las empresas del famoso exjugador del FC Barcelona Gerard Piqué.
Visto lo visto, a los amantes del fútbol romántico solo les queda el fútbol regional, ese fútbol en el que es fácil entrar a los campos, en el que nadie cobra y en el que todo lo que se gana, se gana en el campo. Por eso a mí me gusta decir que el fútbol regional es el fútbol de verdad.

Artículo elaborado por Sergi Farrè Robador, colaborador de Castellón Base y «lleidatà», residente en Peñíscola.