Durante los últimos partidos de fútbol base, se han registrado episodios preocupantes: algunos adultos en las gradas increpan e insultan a jugadores menores, llegando a proferir frases como “rómpele la pierna” o “dale un puñetazo”. Situaciones como estas no sólo ponen en riesgo la seguridad física y emocional de los niños, sino que contradicen por completo los valores que el deporte formativo debería fomentar: respeto, educación y juego limpio.
Este tipo de conductas no pueden ser toleradas. Los clubes, federaciones y familias tienen la responsabilidad de crear un entorno seguro y educativo, donde la competencia no se convierta en agresión. La formación de los jóvenes va más allá de la técnica y la táctica: incluye valores, control emocional y respeto al rival.

No es fútbol, es violencia
Durante un partido de fútbol base se escucharon frases que deberían sonar imposibles en un deporte: “rómpele la pierna”, “dale un puñetazo”. No eran jugadores, sino adultos desde la grada dirigiéndose a niños menores de edad.
Esto no es un accidente aislado, sino un síntoma de un problema profundo: la violencia de algunos adultos en el fútbol formativo. Un lugar que debería educar en valores, enseñar respeto y fomentar la pasión por el deporte, se ve empañado por comportamientos agresivos que ponen en riesgo la seguridad física y emocional de los menores.
Los clubes, federaciones y familias tienen la obligación de actuar. No podemos tolerar que el fútbol base sea un escenario de agresión para los más jóvenes. Campañas de sensibilización, códigos de conducta claros y sanciones estrictas son urgentes.
El fútbol formativo no es solo un juego; es educación, desarrollo y disfrute para los niños. Cada insulto, cada amenaza desde la grada, es una oportunidad perdida para enseñar valores. Si queremos un deporte seguro y formativo, es hora de decir basta.