Hay despedidas que llegan demasiado pronto, aunque el corazón se resista a aceptarlas. Manuel Marqués, o simplemente Manu para todos los que le han visto crecer sobre el césped, ha decidido colgar las botas. Los problemas físicos le han obligado a hacerlo antes de tiempo, pero lo hace con la tranquilidad de quien sabe que ha dado todo por los colores que ama.
Desde pequeño, Manu respiró fútbol y sentimiento celeste. Era habitual verlo acompañar al primer equipo del Benicense, entrenado entonces por su padre, el mismo que le enseñó que este deporte va más allá de los goles: es esfuerzo, respeto y pasión. Aquel niño que soñaba con vestir la camiseta del Benicense acabó convirtiéndose en símbolo del club y en referente para toda una generación.
Cuando no existía un equipo para su edad, Manu no se quedó de brazos cruzados. Habló con la Directiva y, al día siguiente, papel y lápiz en mano, recorrió el colegio buscando compañeros que quisieran sumarse a la aventura. De esa iniciativa nació un nuevo equipo, dirigido por Raúl Ariza, donde aprendió los valores que marcarían su carrera. “He tenido muchos entrenadores y de todos he aprendido cosas, pero si alguien me marcó en el fútbol fue Nacho Gisbert”, recuerda con emoción.
Su trayectoria es una historia de amor constante por el balón. Desde aquel alevín celeste hasta su debut con 15 años en el primer equipo, Manu fue dejando huella en cada categoría. Empezó en el Benicasim y San Pedro, también pasó por las filas del CD Castellón en juveniles y del Torreblanca en preferente, pero el destino siempre lo traía de vuelta a casa. Al Benicense de siempre, donde el fútbol se siente como familia y donde Manu siempre ha sido uno de los suyos.
Formó parte del equipo que rozó el ascenso a Preferente, pero más allá de los resultados, él se queda con lo verdaderamente importante:
“El fútbol me ha permitido aprender de los veteranos, conocer muchos compañeros y, sobre todo, jugar con mis amigos de toda la vida.”
En el campo, Manu era de esos jugadores que piensan antes que el resto, que ven el pase imposible y convierten una jugada cualquiera en una ocasión de gol. Ha marcado goles de todas las formas posibles, ha repartido innumerables asistencias y ha hecho disfrutar a la afición como pocos. Pero si algo lo define, más allá de su calidad, es su carácter humano: siempre dispuesto a ayudar, a sumar, a tirar del equipo cuando más hacía falta.
Ahora el capitán deja el verde, y deja al equipo en lo más alto, lider de su grupo, se va haciendo lo que mejor sabe hacer, marcando gol y asistencia en su último partido…; pero no deja el club. Porque el Benicense no se entiende sin Manu, ni Manu sin el Benicense. Su compromiso y su experiencia seguirán siendo un pilar fundamental, aunque esta vez desde fuera del campo.
Gracias por todo, capitán. Por tu fútbol, por tu entrega y por demostrar que el sentimiento celeste no se retira nunca.




































