La actitud en las gradas (a propósito de la agresión a un entrenador en Valencia)

lexus

 

Cada cierto tiempo, vemos noticias de relevancia sobre problemas en las gradas de los campos de fútbol base. La pasada semana, el Alboraya UD decidió prohibir la entrada en sus instalaciones a un padre por agredir al entrenador. ¿Cómo llegamos a estos niveles de violencia? ¿Son nuestros comportamientos en las gradas los valores que queremos transmitir a nuestros hijos? ¿Es normal que los padres abucheemos, levantemos los brazos, les digamos que hacer a los niños en el partido, nos enfademos?

El ejemplo del Alboraya UD es un caso extremo, pero todas las jornadas podemos ver fácilmente comportamientos inadecuados por parte de las familias. En el campo nos transformamos y somos árbitros y entrenadores, que nos creemos con el derecho a criticar, insultar, enfadarnos, chillar…todas las decisiones que se toman con las que no estamos de acuerdo. Somos sus padres, si, y lo vivimos con pasión. Pero no somos sus entrenadores y no somos en ningún caso objetivos. Nuestro punto de vista del partido siempre es subjetivo y nunca nos paramos a pensar que las reacciones que nos produce y los sentimientos que nos crea ver jugar a nuestros pequeños son muy pasionales y por lo general exageradas. Tal vez si reflexionáramos sobre este hecho, seriamos capaces de disfrutar mas de los partidos, sin interceder, ya que realmente nuestro papel es ver jugar y divertirse a nuestros hijos.

Después está el tema de ganar, como padres no toleramos de ninguna manera perder el partido (como si realmente fuera algo importante), nos crea una frustración que transmitimos a los niños y que les genera un sentimiento de fracaso, cuando no debería. Parece que jugar, divertirse, aprender, emocionarse, no sea suficiente y ni importante y que lo único que sirve después del trabajo y el esfuerzo que han hecho en el partido es que hayan ganado. ¿Que les estamos enseñando con nuestra incapacidad de simplemente verlos jugar y divertirse?. Ver como se superan a sí mismos, ver como superan obstáculos o no, ver como ganan o pierden, ¿Qué más da?, pero se divierten. No serán mejores personas por ganar el partido, ni peores por perderlo. Nuestro trabajo una vez terminado el partido es ayudarles a gestionar la frustración por perder o porque no les ha salido el partido como querían, en el caso de que tengan cierta frustración, o ayudarles a gestionar el éxito, que también es importante saber encauzarlo. Esa es una de las tareas de las familias en casa.

A veces, ellos nos dan lecciones valiosas sin darse cuenta. No hace muchos días viendo un partido de prebenjamines, el equipo local iba ganando por mas de 6 goles, en una jugada un balón fue a parar al palo de la portería del equipo visitante y derribó un botellín de agua que tenia el portero allí por si tenia sed. Los niños empezaron a reírse y a contárselo unos a otros, se lo estaban pasando genial, estaban perdiendo, pero les daba igual, el tema del botellín fue para ellos divertidísimo. Ellos se esforzaban, hacían lo que podían y disfrutaban del partido, aunque perdían. Los padres estaban con caras largas y preocupados (en este caso no estaban enfadados, pero en otros casos si lo están).

La violencia y las malas actitudes en los campos de fútbol base viene de las familias y hay que saber gestionarlo, cuando tu equipo gana y cuando pierde. Para generar violencia, no hace falta solo insultar a alguien, para generar violencia es suficiente con perder el respeto al rival, celebrar goles muy efusivamente por parte de las familias en goleadas: con bombos, con celebraciones exageradas, comentarios delante de las familias del equipo rival sobre su bajo rendimiento, insultos al árbitro, entrenadores, etc…Estos actos eliminan el clima de diversión y alegría que debería haber en todos los partidos.

Nuestro comportamiento es el ejemplo del que los niños aprenden. Pongo un ejemplo sencillo, insultar o reclamar al árbitro, seguramente todos los que estáis leyendo el artículo lo tenéis asimilado como algo normal, que haya una persona intentando ser justo e imparcial en el campo y que los demás le griten y le insulten es lo más normal en el fútbol. Pero si lo pensamos fríamente, ¿realmente es algo que debería ser normal? ¿la gente le grita a un juez cuando dicta sentencia, aunque se equivoque? Los árbitros son personas, y como todos no aciertan siempre, pero de ahí al trato que se les da, hay un mundo. Deberían ser los mas respetados en el campo. Entonces, si les enseñamos desde prebenjamines que es normal insultarlo y quejarse, ellos lo asimilan y siguen con nuestro ejemplo, como hemos hecho nosotros. Pero si les enseñamos a respetarlos, tal vez, en unos años conseguimos cambiar las actitudes y disfrutar sin violencia ni insultos.

Si queremos hijos educados, que disfruten, que hagan deporte y que crezcan como deportistas, debemos dar ejemplo. El deporte es un formador de carácter, como un ensayo de la vida, debemos dejar que los entrenadores, los árbitros y los niños, lo hagan lo mejor que puedan, y nosotros comenzar por animar y disfrutar, tal vez poco a poco entre todos lo vayamos consiguiendo.

Artículo firmado por Nuri D en la sección “Las familias y el fútbol base” en la web www.castellonbase.com

La foto corresponde al comunicado de prensa emitido por la UD Alboraya a raíz de la agresión del padre de un jugador de un equipo alevín al entrenador de su conjunto rival.

 

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